El periodismo no está muerto

La crisis favorece la proliferación de nuevos modelos de negocio al margen de la industria mediática

Crisis. Seis letras. Una más que ‘drama’ o ‘dolor’; una menos que ‘condena’. Si fuese un lugar místico, estaría entre el infierno y el purgatorio. Es esa palabra que el penúltimo presidente español no quería mencionar. Crisis. No pasa nada. A pesar de su indiscutible connotación negativa, la RAE la define como ‘mutación’, ‘proceso’, ‘momento decisivo’. En su primera acepción, crisis es un “cambio brusco en el curso de una enfermedad, ya sea para mejorarse, ya para agravarse el paciente”.

El periodismo está enfermo. La buena noticia es que también está en crisis, es decir, que afronta un cambio decisivo, probablemente el más importante desde la invención de la imprenta. Y en esta transición, algunos periodistas han encontrado una oportunidad para impulsar nuevos medios de comunicación que buscan la viablidad sin renunciar a la función de servicio público que se presupone al periodismo.

La crisis arrasa con los medios tradicionales

Ni la llegada de internet en los 90 ni la degradación de la calidad de la información que se produce desde los 80 fueron suficientes para mellar el saludable negocio de los medios españoles hasta 2008.

Con la crisis económica empezaron los problemas. Cayó la inversión publicitaria en todos los medios de comunicación y, en la prensa, también las ventas. En los últimos 5 años han cerrado 200 medios, la gran mayoría revistas (Don Balón, Play Station, Altaïr) y diarios (nacionales como Público, ADN, Qué! y muchos locales), pero también han bajado la persiana una veintena de televisiones locales (Localia TV fue la primera) y algunas radios (ABC Punto Radio, entre otras).

Fuente: Informe Anual de la APM (2012). Elaboración: Sofía Amadori.

Fuente: Informe Anual de la APM (2012). Elaboración: Sofía Amadori.

Como consecuencia de los cierres y de los Expedientes de Regulación de Empleo (ERE) de los medios que siguen abiertos, desde 2008 han perdido su trabajo más de 10.000 profesionales de la información, según datos actualizados de los informes anuales de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) y de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE). Los despidos ejecutados desde finales de 2012 explican el desfase con la gráfica.

De acuerdo con el Ministerio de Empleo y Seguridad Social (MESS), también hay 10.000 parados demandantes de empleo que escogen periodismo como primera opción, aunque contando a todos los titulados, busquen trabajo como periodistas o no, la cifra aumenta hasta los 30.000 desempleados. A estos hay que sumar una gran parte de los 3.000 periodistas que salen cada año de las universidades y no encuentran trabajo.Entre 2007 (el último año bueno) y 2011, los ingresos de la industria mediática (televisiones, diarios, revistas y radios) habían disminuido un 26%, hasta los 6.500 millones de euros. La inversión en publicidad, había caído un 38% y la institucional, un 63%, siempre de acuerdo con datos del último informe anual de la APM.

Fuente: Informe Anual de la APM (2012). Elaboración: Sofía Amadori.

Fuente: Informe Anual de la APM (2012). Elaboración: Sofía Amadori.

Pero el sector peor parado es el de la prensa, que ha sufrido una reducción de los ingresos por publicidad superior al 50% y que vende un 25% menos de diarios, mientras los gratuitos casi han desparecido. Los ingresos totales de los diarios en España han caído de forma constante desde que empezó la crisis hasta bajar por primera vez de los 2 mil millones de euros durante los tres últimos años, según el Libro Blanco 2013 de la Asociación de Editores de Diarios Españoles (AEDE).
    Fuente: Libro Blanco de la AEDE (2013). Elaboración: Sofía Amadori.

Fuente: Libro Blanco de la AEDE (2013). Elaboración: Sofía Amadori.

A pesar de la caída de ingresos, la crisis de los medios periodísticos no solo se explica por reducción de ventas y publicidad, sino también por la migración de lectores al entorno digital, donde todavía no se ha consolidado un modelo de negocio que permita rentabilizarlos. Especialmente en el mercado español, en el que la crisis monetaria y la falta de cultura de pago en la red de momento no hace funcionar a los famosos paywalls, muros de pago por contenido.

Según el primer EGM de 2013, los diarios continúan perdiendo audiencia hasta el 34,9% (del total de medios), la cifra más baja de los últimos 30 años. Aunque el crecimiento de lectores en diarios digitales dejó de crecer puntualmente el trimestre pasado, los diarios impresos de información general son de largo los más perjudicados.

Para Juan Varela, consultor de medios y autor del blog Periodistas21.com,  “la estructura del mercado empieza a repartirse más entre medios diferentes, sin la concentración de la que hasta ahora disfrutaban las grandes cabeceras“. Además, la prensa tradicional sufre “una crisis de credibilidad que [la] erosiona aceleradamente”.

La falta de credibilidad resulta de la poca calidad informativa de los medios. De hecho,  según explica Eva Domínguez, profesora universitaria y periodista especializada en nuevas tecnologías, “la crisis de calidad empieza mucho antes que la económica”. No obstante, el valor de la información se degrada aún más a partir de 2008 con los severos ajustes que hacen los medios frente a la crisis (reducción de plantillas, aumento de la cantidad de becarios, precarización del empleo, cierre de corresponsalías o mengua del número de páginas) y su aproximación a círculos políticos y económicos, lo cual merma su función de vigilantes del poder, a la vez que aleja a los lectores que son la base de su rentabilidad.

Brotes verdes en medio del desastre: llegan nuevos medios

Desde que empezó la crisis económica, pero sobre todo durante los dos últimos años, el panorama mediático está experimentando una eclosión de proyectos periodísticos que ponen el acento en la calidad del producto. “El debate acerca del futuro de los medios y el periodismo está secuestrado por el debate sobre los modelos de negocio, por eso Jose Luis Orihuela, profesor de la Universidad de Navarra y experto en medios y redes, cree que “la primera clave es centrarse verdaderamente en modelos de producto en lugar de en modelos de negocio”.

El fenómenos de la emergencia de nuevos medios no hubiera sucedido sin internet. Ahora, “cualquiera puede montar su propio proyecto sin pedir permiso a nadie ni llamar a ninguna puerta”, celebra Eva Domínguez.

Internet, por definición, es sinónimo de comunicación. O almenos eso opina Miguel Pérez-Quintanilla, profesor universitario y director de TicLaude (un proyecto europeo de apoyo a jóvenes emprendedores nacido en la Universidad Autónoma de Barcelona). El profesor advierte de que hoy -en lo que él bautiza como la segunda revolución industrial de la comunicación- “estamos viviendo un cambio de paradigma”. Una época dorada que se antoja idónea para arrancar nuevos proyectos porque hay buenas ideas, “algo así como los Bill Gates emprendedores del periodismo”, concreta Quintanilla.

No hay que olvidar que la red permite montar un medio sin invertir mucho dinero y es una ventana a un público potencial inimaginable hace solo 15 años. Sin embargo, la emergencia de proyectos que se está dando últimamente se debe específicamente a la crisis del periodismo.

Por un lado, a los despidos masivos. La mayoría de emprendedores son periodistas expulsados de los medios tradicionales, pero también estudiantes que no encuentran trabajo.Domínguez, coautora de dos libros sobre “microperiodismos” en los que recopilar entrevistas a impulsores de nuevos medios, ofrece en el épilogo un decálogo de recomendaciones para emprender. La primera es: “Muchos proyectos empiezan cuando sus miembros se han quedado sin trabajo y tienen el tiempo, las ganas y la necesidad de hacer algo por sí mismos”.

Por otro lado, este ‘boom’ se debe a la crisis de calidad. Quintanilla recuerda que el periodismo es tan necesario como los médicos. “Ellos se encargan de curar la salud; nosotros, la  sociedad”. Sin embargo, el abandono progresivo del periodismo de servicio público en los medios tradicionales deja un hueco en la demanda que pueden cubrir los nuevos proyectos.

No en vano, muchos han adquirido un compromiso con la independencia, la transparencia y los valores tradicionales de la profesión. Para Domínguez, estos proyectos de “periodismo de guerrilla” intentan aprovechar tres factores: “coste bajo, diversificación de ingresos y audiencia nicho”. Bajo este lema algunos exploran modelos de negocio que, para unos pocos, ya son viables.

El periodismo explora modelos de negocio para ser viable

Obamaworld, el blog de Jordi Pérez Colomé sobre política internacional de Estados Unidos, es un ejemplo de que es posible sobrevivir en solitario diversificando las fuentes de ingresos. Gracias al éxito del blog ha conseguido colaboraciones con otros medios, lo invitan a conferencias, imparte cursos y da clases a distancia en la UOC. Pero la primera entrada directa de dinero por su trabajo son los micropagos. En 2011 ingresó, gracias a un botón de PayPal, 1.700 euros como donaciones libres y por la venta de libros, 600 euros más. Además, ha financiado dos de sus viajes mediante crowdfunding. En la última campaña consiguió más de 4.000 euros para ir a Israel y Egipto.

Portada del blog de Jordi Pérez, 'Obamaworld'.

La financiación colectiva se perfila como una alternativa para rentabilizar el periodismo. Hay plataformas de crowfunding en todo el mundo y varias en España como Verkami, Goteo o Lánzanos. Solo en Verkami, la primera española, 35 proyectos periodísticos de los 46 publicados actualmente han recaudado 223.129 euros.

El crowdfunding es un sistema efectivo para proyectos puntuales pero, de momento, no permite la estabilidad de otras fuentes de financiación como las suscripciones. Sin embargo, hay casos que combinan ambas fórmulas con éxito. DeCorrespondent, un nuevo diario digital holandés, impulsado por un equipo de periodistas de medios tradicionales, ha conseguido recaudar 1’3 millones de euros en solo 8 días.

En España, la cooperativa MásPúblico, formada por un grupo de periodistas afectados por el ERE del diario Público, salió en enero con la revista mensual La Marea gracias a una campaña de crowdfunding y a los mil euros aportados por cada uno de sus 80 socios. Con un capital social de 94.000 euros y unos gastos mensuales de 23.000 euros, necesitan 5.000 suscriptores antes de que termine el año para ser sostenibles. “Hemos hecho difusión solo con redes sociales, que para llegar a todo el Estado es insuficiente. La revista se valora muy bien, pero no se conoce, no tenemos campañas en grandes medios ni periodistas con marca”, reconoce Magda Bandera, presidenta de la cooperativa.

Portada del quinto número de la revista mensual La Marea (mayo 2013)

Portada del quinto número de la revista mensual La Marea (mayo 2013)

El equipo de La Marea lo forman 10 personas -todas cobran-, pero ninguna es comercial ni especialista en marketing. Bandera cree que este es el momento de profesionalizarse. El objetivo principal de la cooperativa, por la estabilidad y la independencia que supone para el medio, es financiarse principalmente a través de suscriptores. Pero también vende unos 6.000 números que le reportan 10.000 euros mensuales. Gracias a la red de socios y lectores, está implantando puntos de venta alternativos a los quioscos para ahorrarse las elevadas comisiones de los distribuidores.

La publicidad es para La Marea un ingreso menor. De momento no pasa de los 500 euros mensuales, en parte por no tener un departamento comercial, pero también porque se copromete a no ingresar más del 15% en ese concepto para preservar la independencia del medio. Además, los anunciantes deben cumplir un código ético. No aceptan empresas que contaminan el medio ambiente ni bancos que desahucian. Brais Benítez, socio trabajador de la cooperativa, cree que en principio les complica la viabilidad, pero en el medio plazo “aparecer en La Marea es un valor añadido para los anunciantes”.

La Marea no es el único nuevo medio que apuesta por el papel. Algunos diarios generalistas como infoLibre o eldiario.es también tienen ediciones impresas complementarias a la digital. Otros como Mongolia, JotDown o Alternativas económicas, dependen de la difusión de sus revistas mensuales. Thierry Pech, director de Alternatives economiques, la revista francesa en la que se ha inspirado la española, considera que “el negocio multimedia es arriesgado y que el papel tiene una lógica económica realista”. Lo cierto es que el formato impreso todavía goza de un cierto estatus esencial para la credibilidad de un medio y, lo que es más importante, hay más lectores dispuestos a pagar por leer en papel que en la red.

Por eso Alternativas económicas, la nueva revista que dirige Andreu Missé, sale impresa. El modelo de negocio es prácticamente igual al de La Marea. Es una cooperativa de 41 socios, cuenta con un capital inicial comprometido de 196.000 euros y ya tiene casi 1.000 suscriptores. También venden en quioscos y los ingresos por publicidad tampoco pueden superar el 15%. La revista, que salió en marzo de 2013, nace a imagen y semejanza de la versión francesa que, sin embargo, hace años que genera beneficios y la crisis no parece afectar sus cuentas.

Alternatives economiques tiene 33 años. Empezó con una tirada de 2.000 ejemplares y 16 páginas en blanco y negro. Hoy imprime 100.000 revistas con 100 páginas a color. También es una cooperativa con un equipo de 50 personas que cobra y que trabaja 35 horas a la semana. Hay tantos periodistas como personas encargadas de la difusión y la promoción, lo que les permite tener una red de 75.000 suscriptores y unas cuentas saneadas.

Otro modelo de negocio exitoso, a pesar de ser un diario exclusivamente digital y de no tener ni siquiera un año de vida, es eldiario.es. En marzo celebraba su sexto mes con una facturación de 214.000 euros: un 45% proveniente de los anunciantes y un 55% de los 4.000 socios-lectores que pagan 5 euros mensuales. El gasto en este periodo fue de 219.000 euros, es decir, solo perdieron 5.000.

El socio-lector paga 5 euros y a cambio tiene acceso de forma anticipada a ciertos contenidos, sus comentarios salen destacados y recibe en casa trimestralmente el monográfico impreso. Sin embargo, muchos socios han afirmado que no lo hacen por esas ventajas, sino simplemente porque creen en el proyecto y quieren formar parte de él. “Vuestros cinco euros sirven para mantener la independencia de eldiario.es y para que nuestra información sea libre y gratuita, incluso para aquellos que no pueden pagar”, recuerda el director Ignacio Escolar en la carta de rendición de cuentas.

Portada del diario digital eldiario.es

Otra fórmula de micropagos que puede beneficiar a los creadores de contenidos periodísticos, bloggers o medios, es Flattr. La plataforma permite que los usuarios repartan donaciones con tan sólo pulsando un botón en cada trabajo periodístico que les guste. El presupuesto mensual que tenga el usuario de Flattr se distribuye de forma equitativa en todas las webs en las que ha clicado y así los creadores de contenidos obtienen pequeños ingresos. Sin embargo, para Jordi Pérez Colomé, que fue uno de los primeros en intentarlo, “en Estados Unidos está bastante extendido, pero en España todavía no lo usa nadie”.

En cualquier caso, como afirmaba en la presentación del Libro Blanco de la AEDE (2013) Alfonso Vara Miguel, director del Departamento de Empresa Informativa de la UNAV, la cuestión es poner en marcha buenos productos de calidad y también “desarrollar una excelente gestión de la marca y la diferenciación […] lo cual requiere inversión”. Juan Varela, en un artículo publicado en Periodistas21.com, apunta a un modelo de negocio basado en una doble estrategia: en abierto para seducir a la audiencia y adquirir relevancia; y con suscriptores/socios para tener rentabilidad.

Rentabilidad a base de independencia, transparencia y calidad

La independencia y la transparencia son, para todos los medios citados, un tesoro que deben preservar porque sus representantes son conscientes de que de ella depende su viabilidad. Ninguno tiene préstamos con ningún banco. La mayoría han repartido sus acciones de forma equilibrada, excepto en eldiario.es, donde el mayor accionista es su impulsor, Ignacio Escolar. Algunos han puesto límites a los ingresos por publicidad y casi todos en general diversifican sus fuentes de financiación. Muchos promueven la figura del lector participativo, implicándolo como parte de una comunidad que es la base de su sostenibilidad económica. Otros tienen socios-lectores que participan en las decisiones más importantes de la empresa.

Todo ello forma parte de una estrategia que pone el acento en la calidad del producto y en la autonomía del medio, con el objetivo de ganar la confianza de un público que lo financie. Pero, ¿está la gente dispuesta a pagar?

Un estudio de Nielsen de 2010 concluía que el 85% de los encuestados prefería que los contenidos siguieran siendo libres y que el  79% había dejado de usar las páginas de pago, pues creían que era posible encontrar la misma información sin coste. Sin embargo, el 42% no tendría problemas en pagar con una fórmula sencilla de pago, especialmente a través de sistemas de micropagos.

Para Joan Manuel Tresserras, profesor del Departamento de Medios, Comunicación y Cultura de la UAB, “el periodismo que merecerá la pena será aquel que tenga un público dispuesto a pagar por él”, pero cree que “a los lectores no les importa la calidad”. Sin embargo, Alfonso Vara Miguel, asegura que los lectores digitales “estarían predispuestos a pagar por contenidos escasos, exclusivos, no fácilmente localizables en internet ni con sustitutivos cercanos, que aporten valor real, resuelvan necesidades informativas y de entretenimiento y/o sean útiles”.

Según Vara Miguel “hay que preguntarse abiertamente qué necesidades están [los medios] resolviendo a sus lectores impresos y digitales y con qué tipo de productos y servicios”. Algunos ya lo están haciendo. Puede que no haya un momento mejor. El periodismo no está muerto. Está enfermo. En crisis. Crisis. Seis letras. Las mismas que ‘cambio’. Ahora sin misticismos. Crisis es un lugar mundano, un cruce de caminos, una oportunidad para cambiar de rumbo. En la cuarta acepción del diccionario de la RAE se define como “momento decisivo de un negocio grave –el periodismo– y de consecuencias importantes –la calidad de la democracia–”.

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Este reportaje es un trabajo colectivo. En su elaboración han participado Janira Gómez, David Muñoz, Sofía Amadori, Leire Giral, Antoni Cabanes y Àlex Claramunt.

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